Me esperan aquí largos inviernos helados y la azarosa geometría de la blancura. Yo vivo aquí emboscado, como si practicara la natación en un gélido mar sin fondo en el centro de la tierra. Y soy como aquel bandido walseriano que se diluía y ocultaba tanto en el texto que acababa incluso desdoblándose en dos. Pero no estoy aquí para escribir demasiado, sino para dedicarme al arte de desvanecerse. Mi estrategia consiste en dedicarme a ser visto sólo lo imprescindible y a tratar de desaparecer cada día más.

Doctor Pasavento, Enrique Vila-Matas.

Se adoró al sol porque encarnaba al fuego y a sus atributos, la luz y el calor. Secularizados y descreídos, ya no podemos rendir homenaje al fuego sino gracias al cigarrillo. El cigarrillo sería así un sucedáneo de la antigua divinidad solar y fumar una forma de perpetuar su culto. Una religión, en suma, por banal que parezca. De ahí que renunciar al cigarrillo sea un acto grave y desgarrador, como una abjuración.

Fragmento de “Sólo para fumadores”, Julio Ramón Ribeyro.

[…] y la muerte se pasea
por todos lados
en esta pieza
fumando mis cigarros
chupando de mi
vino…

Fragmento de “La muerte se está fumando mis cigarros”, Charles Bukowski.

Nada más que rostros muertos
y detrás
nada más que profesiones muertas
tiempo muerto y morir muerto
prados muertos, campos muertos
granjas muertas, vacas muertas
cerdos muertos, arroyos muertos
y en los arroyos
peces muertos
oraciones muertas, mujeres muertas
ciudades muertas, inviernos muertos
y detrás
saberes muertos y lamentos muertos
otoño muerto y primavera muerta
la locura muerta de mi alma muerta…

Novia de “Ave Virgilio”, Thomas Bernhard.

Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada.

Las babas del diablo, Julio Cortázar.

Soy humano, aunque se diga lo contrario, y tan curioso como cualquiera. Sólo hay una cosa: Si persigo algo, quiero perseguirlo. No quiero que me persiga.

Bill en “All about Eve”.

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.

El futuro, Julio Cortázar.

¡Es hora de embriagarse! ¡Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriáguense, embriáguense incansablemente! De vino, de poesía, de virtud, de lo que sea.

Charles Baudelaire.

Por supuesto que te haré daño. Por supuesto que me harás daño. Por supuesto que nos haremos daño el uno al otro. Pero esa es la condición misma de la existencia. Para llegar a ser primavera, significa aceptar el riesgo del invierno. Para llegar a ser presencia, significa aceptar el riesgo de la ausencia.

Antoine de Saint-Exupéry.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Fragmento de “Bolero”, Julio Cortázar.

Tristemente, sé que estoy desposeído de mi fuerza, y no muevo un músculo mientras estoy tendido, todo a lo largo. Pero, ¿qué importa?
Siento que voy mejor paulatinamente.

Un fragmento de “Para Annie”, Edgar Allan Poe.